
El aumento de la esperanza de vida ha preocupado al ser humano en poder vivir años libres de discapacidad física y, por ende, con máxima calidad de vida.
La manera de poder vivir más años con calidad de vida es a lo que alude el envejecimiento saludable (se detalla en el subapartado de ejercicio físico). El envejecimiento saludable está relacionado con los determinantes de salud. Estos son el conjunto de factores sociales, políticos, ambientales (ecosistema) y personales que determinan el estado de salud de los individuos. Concretamente, los factores personales van a estar influenciados por el componente biológico (genético) y, fundamentalmente, por el comportamiento (estilos de vida). De forma que, estos últimos son los que más van a determinar nuestra salud. Un estilo de vida saludable se consigue evitando la exposición a los hábitos tóxicos (como el tabaco), controlando los factores de riesgo cardiovasculares (la tensión arterial, la diabetes, el colesterol, etc.), realizando actividad física y manteniendo un adecuado estado nutricional, entre otros. A mejor estado nutricional, menor riesgo de dependencia; por lo que estos dos conceptos se encuentran íntimamente relacionados. Por tanto, para retrasar al máximo la dependencia se debe considerar:
- Adecuado estado nutricional.
- Adecuado aporte calórico y proteico. Durante el envejecimiento, se observa una mayor demanda de energía y proteína, especialmente si se asocia a enfermedades. Hay que considerar un adecuado aporte de calcio y vitamina D, puesto que al reducir la exposición solar y a la mayor prevalencia de osteoporosis, existe mayor riesgo de encontrar estos déficits.
- Incluir alimentos de temporada, fácil masticación, gustosos y de fácil y rápida preparación.
- Mantener un peso adecuado en relación a la altura del individuo, evitando un peso insuficiente o un sobrepeso/obesidad.
- Realizar actividad física planificada. Se recomienda la participación en programas de ejercicio físico supervisados por profesionales y adaptados a las características interindividuales del anciano. Si estos programas se realizan en grupo se favorece la adherencia, la motivación y, en consecuencia, el estado anímico (véase subapartado ejercicio físico).
- Considerar el entorno (lugar de residencia habitual y apoyo social) así como los factores culturales (1).
En el adulto mayor hay que considerar también las características interindividuales, la rutina, el entorno en el que se encuentra y los factores socio-económicos y culturales. En ocasiones, el entorno y el punto de vista social, nos limita para llevar a cabo una correcta alimentación.
En la actualidad, se recomienda una alimentación basada en las 5 S: saludable, sostenible, segura, satisfactoria y social. El patrón de alimentación que se recomienda es aquel de tipo dieta mediterránea. Se recomienda fraccionar en al menos cuatro comidas al día (desayuno, comida, merienda y cena). También, puede realizarse la comida de media mañana. Se desaconseja el patrón de picoteo entre las comidas y establecer un horario fijo de rutina (1).
Cabe indicar que la frecuencia de consumo de alimentos es igual que en el adulto, poniendo enfoque en los requerimientos de proteína (que son mayores), así como el correcto aporte de calcio, vitamina D (beneficio osteoarticular) y ácidos grasos del tipo omega 3 (beneficio cognitivo (1,2). En el adulto mayor, existe un déficit proteico. Además, los alimentos ricos en proteína de origen animal (carnes, pescados, lácteos, huevos) son más ricos en leucina que los de origen vegetal (legumbres, patatas, arroz, cereales). La leucina es un aminoácido esencial que tiene un importante papel en la síntesis y recuperación muscular, y favorece, por tanto, el mantenimiento de la masa muscular (3). En cuanto a los hidratos de carbonos, los ancianos suelen consumir más hidratos de carbonos simples con rápida absorción, alto aporte calórico y escaso aporte nutricional (galletas, helados, golosinas, jarabes, gelatinas, arroz blanco, pan blanco o todos aquellos que contengan harina blanca). Por lo que se recomienda, realizar énfasis en el consumo de hidratos de carbono complejos que tienen una absorción más lenta, favoreciendo un aumento gradual de la glucemia. Por ello, hay que promover más el consumo de pescados, carnes, legumbres, huevos y agua. En cuanto a los lácteos y las frutas se suele realizar un adecuado consumo. Se debe favorecer el consumo de fibra insoluble dados los beneficios que tiene en el tránsito intestinal. Se debe fomentar la ingesta de agua, al menos 2L al día (6-8 raciones/día). Por otro lado, se debe evitar una dieta rica en hidratos de carbonos simples (azúcares), rica en grasas animales saturadas (embutidos, mantequilla, etc..) o vegetal (coco y palma), pobre en fibra y con alto contenido en sal y, excesivamente, condimentada. Este tipo de dieta potencia el riesgo de enfermedad cardiovascular (1, 2).
Bibliografía consultada:
- Trabanco, Aitor., Rodríguez, P., Carretero, A., Ávila, J. M., Varela, G. Fundación Española de la Nutrición. Guía de alimentación saludable para personas mayores. Edit. Consejería de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación. Junta de Andalucía. 2021.
- Gil Gregorio, Pedro. Nutrición en el anciano. Guía de buena práctica clínica en geriatría. Ed: Grupo ICM Comunicación. Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. 2014. ISBN: 978-84-939656-8-6
- Bauer J, Biolo G, Cederholm T, Cesari M, Cruz-Jentoft AJ, Morley JE, Phillips S, Sieber C, Stehle P, Teta D, Visvanathan R, Volpi E, Boirie Y. Evidence-based recommendations for optimal dietary protein intake in older people: a position paper from the PROT-AGE Study Group. J Am Med Dir Assoc. 2013 Aug;14(8):542-59. doi: 10.1016/j.jamda.2013.05.021. Epub 2013 Jul 16. PMID: 23867520.
Patricia Mateo Martín.
Geriatra

