La Vieja Guardia
Espero que hayan descansado y aprovechado las vacaciones de verano, seguro que incluso algún suertudo aún tiene días para disfrutar.
Como vamos a comenzar el curso, quería hacerlo con una recomendación muy especial: “La Vieja Guardia” (John Scalzi, editorial Minotauro, 2005), que seguro que les va a gustar a los amantes de la Ciencia Ficción, pero también a los que no lo son. Básicamente es una historia de amor, en un futuro en el que se les ofrece a los ancianos poder volver a ser jóvenes a cambio de ir a la guerra en el espacio.
John, el protagonista, nos ofrece todo un despliegue de inteligencia y dotes de supervivencia, a la vez que nos muestra su profunda capacidad de amar y tener esperanza. Lo que más he disfrutado es cómo los ancianos aceptan su nueva juventud con dudas, pero sin aspavientos, totalmente convencidos de que se merecen un poco más de todo. No dejan de ser ellos en ningún momento, y la personalidad que han desarrollado a lo largo de su vida no desaparece sólo porque vuelvan a ser jóvenes; digamos que integran lo mejor de la experiencia y lo mejor de la juventud.
Esta nueva oportunidad en el otoño de sus vidas (¿por qué esta expresión inspira tanta tristeza cuando el otoño es maravilloso?) me llamó la atención por dos motivos: por un lado, a los que aceptan el trato no se les cuenta cómo van a volver a ser jóvenes; vale, se les dice que es por mantener el secreto tecnológico (y la intriga de la trama), pero los ancianos no protestan, y aunque obviamente desean saber más, firman el acuerdo sin preguntar mucho. ¿Se imaginan que nos vendieran la historia igual si fueran los protagonistas jóvenes?, creo que no, que damos por supuesto, el que escribe y el que lee, que esa ignorancia consentida solo puede darse en los ancianos. Recordemos que son el primer sector víctima de engaños y abusos por firmar cosas que no deben.
En segundo lugar, es chocante como los ancianos en este libro son capaces de dejarlo todo atrás, para no caer en las garras de la soledad o la discapacidad. Esto me hizo pensar: ¿qué estaría yo dispuesta a sacrificar para tener una segunda juventud?; es más ¿pensaré igual dentro de unas décadas que ahora, cuando aún solo estoy cruzando la invisible línea de la mitad de mi esperanza de vida?.
Reflexionemos y disfrutemos, y ¡feliz inicio de curso!.

