Fotoenvejecimiento

En tiempos de verano y de alerta por altas temperaturas viene bien recordar en qué consiste el fotoenvejecimiento y cómo podemos evitarlo.
El "envejecimiento" de la piel se define por el proceso normal de envejecimiento cronológico superpuesto por el proceso del llamado envejecimiento "extrínseco", mediado por una variedad de factores exógenos. Si bien, la primera, es una constante humana universal, la segunda está determinada en gran medida por el comportamiento y la elección del estilo de vida (1). Aunque un 72.9% de los mayores de 65 años perciben tener unos buenos estilos de vida, un 36,7% se declara sedentaria, cifra que aumenta al 50% en los mayores de 75 años. Sin planes de prevención específicamente diseñados, la edad se convierte en un factor de riesgo no modificable que pueden a medio plazo derivar en estados de dependencia y éste es el principal enemigo de la calidad de vida cuando hablamos de envejecimiento (2).

A medida que envejecemos se producen una serie de modificaciones en nuestra piel que favorecen a un estado de fragilidad cutánea y enfermedades de la piel. Se conoce que existen una serie de factores extrínsecos que propician su deterioro. Krutmann y Cols definen el exposoma como aquellos factores externos e internos que afectan a un individuo humano desde la concepción hasta la muerte, así como la respuesta del cuerpo humano a estos factores, que conducen a los signos biológicos y clínicos del envejecimiento de la piel. Específicamente, dichos autores clasifican los factores ambientales que forman parte del exposoma del envejecimiento de la piel en las siguientes categorías principales: radiación solar (radiación ultravioleta, luz visible y radiación infrarroja), contaminación del aire, humo de tabaco, nutrición, productos cosméticos y una serie de factores menos estudiados (estrés, privación de sueño o efectos de la temperatura) (3).

Dentro de todos estos factores externos que afectan a la piel el más estudiado ha sido la radiación solar, siendo la radiación ultravioleta (UV) la más dañina de todas ellas. Ésta forma parte del espectro de radiación electromagnética emitida por el sol, que a su vez puede dividirse en tres tipos: UVC, UVB y UVA. Antes se pensaba que las radiaciones UVA eran relativamente inocuas, ahora se sabe que dañan el ADN, las proteínas y los lípidos, lo que puede tener consecuencias dañinas, como la carcinogénesis y el envejecimiento de la piel (4). La exposición crónica a la radiación ultravioleta provoca un fenotipo envejecido (conocido como fotoenvejecimiento) que se superpone al envejecimiento provocado por el paso del tiempo (envejecimiento cronológico) (5). Como resultado, las áreas del cuerpo que se exponen con mayor frecuencia al sol como son la cara, el cuello, los antebrazos o el dorso de las manos, pueden adquirir signos visibles de envejecimiento más rápidamente que otras áreas del cuerpo. No obstante, el fotoenvejecimiento es un proceso acumulativo y, como tal, es más grave en las personas mayores.

Debemos concienciar a la población de los efectos secundarios que generan los exposomas en nuestro día a día. Una de las mejores medidas para prevenir el fotoenvejecimiento consiste en la fotoprotección. Esto ayuda a prevenir el envejecimiento de la piel mediante el uso de protectores solares, ropa protectora y gafas de sol. El tratamiento con antioxidantes como la vitamina C, polifenoles, tocoferoles y otras sustancias naturales, ayuda a desarrollar resistencia al estrés oxidativo y ralentiza el proceso de envejecimiento de la piel. Estos productos aplicados en forma de rutina cosmética diaria en tiempo prolongado, constituyen un eslabón clave en la prevención del fotoenvejecimiento.

Bibliografía

1. Matts PJ & Fink B. Chronic sun damage and the perception of age, health and attractiveness. Photochem Photobiol Sci. 2010;9(4):421-431. doi:10.1039/b9pp00166b
2. IMSERSO. Informaciones estadísticas del Sistema para la Autonomía y la Atención a la Dependencia. Portal de Mayores. 2021, pág. 1–16.
3. Krutmann J, Bouloc A, Sore G, Bernard BA, Passeron T. The skin aging exposome. J Dermatol Sci. 2017;85(3):152-161. doi:10.1016/j.jdermsci.2016.09.015
4. Schuch AP, Moreno NC, Schuch NJ, Menck CFM, Garcia CCM. Sunlight damage to cellular DNA: Focus on oxidatively generated lesions. Free Radic Biol Med. 2017;107:110-124. doi:10.1016/j.freeradbiomed.2017.01.029
5. Rittié L & Fisher GJ. Natural and sun-induced aging of human skin. Cold Spring Harb Perspect Med. 2015;5(1):a015370. Published 2015 Jan 5. doi:10.1101/cshperspect.a015370

Autores:

  • Patricia Mateo Martín
  • Jose Joaquín Cordero de Oses.
  • Jhon Mauricio Martinez Gaitan
  • Alex Abreu Font
  • Miriam del Carmen Marrero Ramos
  • Carla Santana Marrero
  • Manuel López González
  • María Ramírez Hernández