Un estudio liderado por especialistas, entre ellos la vicepresidenta de Socanger, evidencia la importancia de la valoración integral para mejorar la evolución funcional y reducir la mortalidad a largo plazo

La fractura de cadera en personas mayores representa uno de los eventos clínicos más relevantes en el ámbito de la geriatría, tanto por su impacto en la autonomía como por su relación con la mortalidad a medio y largo plazo. Un reciente estudio prospectivo, en el que participa Magali González-Colaço Harmand, vicepresidenta de Socanger, analiza en profundidad los factores que condicionan la evolución funcional y la supervivencia durante los cinco años posteriores a este tipo de fractura.

La investigación, realizada sobre una cohorte de 300 pacientes atendidos en una unidad interdisciplinar de fractura de cadera, pone de manifiesto que el deterioro funcional tras el evento es significativo, especialmente en los primeros años. Aunque muchos pacientes logran cierta recuperación, pocos alcanzan su nivel previo de independencia, lo que evidencia la necesidad de intervenciones tempranas y coordinadas.

Un antes y un después en la funcionalidad

Uno de los principales hallazgos del estudio es la pérdida funcional medida a través del índice de Barthel, una herramienta clave en geriatría. Los pacientes partían de una situación de dependencia leve, pero experimentaron un descenso notable en su capacidad para realizar actividades básicas de la vida diaria, con una pérdida media de 20 puntos que tiende a estabilizarse con el tiempo.

En cuanto a la movilidad, los resultados muestran una evolución dual: mientras una parte de los pacientes recupera la deambulación independiente, otro grupo aumenta su nivel de dependencia hasta situaciones de inmovilidad. Este patrón refleja la heterogeneidad del envejecimiento y la influencia de múltiples factores en la recuperación.

Factores que marcan la diferencia

El estudio identifica varios factores determinantes en la evolución de los pacientes. El deterioro cognitivo, la desnutrición, la presencia de delirium durante el ingreso hospitalario y la situación social previa (como la institucionalización) se asocian de forma clara con una peor recuperación funcional.

Especialmente relevante es el papel del estado cognitivo: los pacientes con deterioro presentan una evolución significativamente más desfavorable a lo largo del tiempo. Del mismo modo, la desnutrición y el síndrome confusional durante el ingreso se consolidan como factores de riesgo clave que deben ser detectados y abordados de forma precoz.

La funcionalidad como predictor de vida

Uno de los aspectos más destacados del estudio es la relación entre la funcionalidad basal y la mortalidad. Los resultados evidencian que un menor nivel de autonomía previo a la fractura se asocia con un mayor riesgo de fallecimiento a largo plazo. De hecho, pequeñas diferencias en la puntuación inicial del índice de Barthel pueden duplicar el riesgo de mortalidad.

Tras cinco años de seguimiento, más de la mitad de los pacientes habían fallecido, lo que subraya la gravedad de este evento clínico y la necesidad de estrategias preventivas y asistenciales más eficaces.

El valor de la atención interdisciplinar

El trabajo pone en valor el papel de las unidades de ortogeriatría como modelo asistencial. Estas unidades, integradas por profesionales de distintas disciplinas, permiten realizar una valoración integral del paciente desde el ingreso, abordando aspectos clínicos, funcionales, cognitivos, nutricionales y sociales.

Este enfoque multidimensional facilita la detección precoz de factores de riesgo, optimiza el tratamiento y mejora la planificación del alta y el seguimiento, contribuyendo a mejores resultados en salud.

Hacia un abordaje más completo del envejecimiento

Los resultados del estudio refuerzan la importancia de avanzar hacia un modelo de atención centrado en la persona mayor, donde la prevención, la detección precoz y la intervención integral sean pilares fundamentales.

En este contexto, la participación de profesionales como Magali González-Colaço Harmand, vicepresidenta de Socanger, refleja el compromiso de la sociedad científica con la generación de conocimiento y la mejora continua de la atención geriátrica.

La fractura de cadera no debe entenderse solo como un evento traumático puntual, sino como un punto de inflexión en la vida del paciente. Identificar a tiempo los factores de riesgo y actuar de forma coordinada puede marcar la diferencia entre la pérdida de autonomía y una recuperación funcional que permita mantener la calidad de vida.