El peor trabajo de mi vida
Les propongo una película ligera, una comedia, “El peor trabajo de mi vida” (“Maison de Retraite”, 2022) dirigida por Thomas Gilou y co-protagonizada por el fantástico Gérard Depardieu. El argumento es un clásico, un niño perdido que se convierte en un adulto perdido y que encuentra por azar su destino de la mano de mentores ancianos.
Lo que es novedoso es dónde halla la respuesta (una residencia de ancianos), y cómo con una levedad cómica trata temas fundamentales de la vejez: el abuso a los ancianos, la sexualidad en la tercera edad, la polifarmacia y sus efectos secundarios, por ejemplo. Al verla, me gustó muchísimo su sinceridad, que además no cae en el sentimentalismo barato que abunda en todo lo que toca el tema de los ancianos. Sí, tienen Alzheimer, sí, se mueren, pero es que ver algo de ancianos suele ser sinónimo de tarde de manta y lágrimas, y esta película consigue que al terminar tengas una sonrisa en la cara, no ganas de ir haciendo el documento de Voluntades Anticipadas.
En particular disfruté viendo como el protagonista (Kev Adams) pasa de sentir auténtico horror al tener que prestar servicios comunitarios justo en el “peor sitio del mundo”, enfrentando la cotidianidad de la incontinencia, la disfagia, la sordera, la demencia (¿les suena?) a entregarse con calma al cuidado de estas personas, y encontrar satisfacción en prestarles ayuda.
Y esto, más que nada, es el mensaje que creo que es clave: cuando superamos el miedo a lo que tal vez nos espera y el desagrado que acompaña a algunas tareas básicas (no nos engañemos), y, sobre todo, el temor a dar un poco de nosotros a estas personas que dependen de nuestros cuidados, la recompensa suele ser que nos vamos contentos a casa. Se lo digo a mis alumnos, los ancianos siempre nos devuelven más de lo que les damos, y eso que parece que por no tener, ¡ya no tienen ni tiempo!.
La vida en residencias se nos representa en los medios y los libros o bien de forma cruda (una especie de Purgatorio o de antesala de la muerte, en donde se entra para no salir más, y si ya hay una pandemia de por medio, ciao), o bien de forma irrisoria (lugares de fiesta y diversión preadolescente para ancianos con pinta de no haber alcanzado la edad de jubilación). Hace falta más visibilidad de la realidad en estos centros, cosa que esta película consigue en cierto modo. ¿Por qué? Sencillo, a muchos nos va a tocar acabar ahí nuestros días, esperemos que por voluntad propia, y sería hora de ir moldeándolas a nuestro gusto, y solo podremos hacerlo si sabemos qué esperar, qué exigir y qué mejorar de lo que puede que sea nuestro último hogar.

