A propósito del estreno de Nonnas, reflexionamos sobre el valor simbólico de la cocina tradicional, la transmisión intergeneracional y el lugar de las personas mayores en la cultura.
El verano ya está aquí, por fin. Muchos aprovecharán para viajar a sitios nuevos, acumular experiencias, recargar pilas…y otros muchos volverán a casa, junto a la familia.
Hace unos días vi una película que me parece que viene al pelo no sólo para este recopilatorio sobre envejecimiento y cultura, sino en el marco de las vacaciones que en breve vamos a disfrutar. Se trata de la película “Nonnas”, dirigida por Stephen Chbosky (2025), que nos cuenta cómo un soñador pone en marcha un restaurante donde las cocineras son abuelas italianas, para que los comensales “sientan el cariño de quien más nos quiso”.
Preciosa, nada sensiblera, nos cuenta como cuatro mujeres no tan ancianas le dan sentido a sus vidas haciendo algo mágico: cocinar sus mejores recetas, las que reservan para su familia. ¿Cuántos de ustedes recuerdan un plato especial, ese que cocinaba la abuela los domingos? O si cierran los ojos, seguro que pueden paladear ese gusto que les sabe a verano en la casa del pueblo... mientras miraba la peli se me venían a la boca los sabores de recetas concretas, que siempre estarán a asociados a mis abuelas, y que aunque me los sirvan en los mejores restaurantes del mundo nunca podrán compararse a los de ellas.
Si tuviera que quedarme con dos, uno por abuela, sólo con dos entre los cientos de veces que me han alimentado con cariño, exagerando en las raciones, haciendo tappers para llevar para el resto de la semana, y en definitiva, poniendo en un plato no sólo ingredientes sino Amor del bueno, me quedaría con las natillas de chocolate, por un lado, y con los espaguetis con emmental rallado a mano, por el otro. Pues vaya, menudas delicatessen, pensarán; no se engañen, las dos cocinaban que ríete tú de los cocineros con estrellas Michelin. Pero me da igual, me quedo con los recuerdos que cada uno de esos platos tienen ligados, las horas de mutua compañía a la mesa y rapiñando lo que se pudieran en los preparativos.
Disfruten del verano, de sus abuelos y de lo que les cocinen sus abuelas, si aún tienen esa suerte.

