Un viejo que leía novelas de amor
Tras los atracones de las fiestas siempre apetece algo ligero, por eso les propongo este mes el maravilloso “Un viejo que leía novelas de amor”, de Luis Sepúlveda (Tusquets Editores, 1989). Su intensa brevedad lo hace apetecible como un trozo de roscón pequeñito y jugoso. Y su protagonista Antonio José Bolivar, nos deleita con varias enseñanzas escritas en frases perfectas.
Como geriatra, lo primero que me llama la atención es que el protagonista se llama viejo con apenas la edad de jubilación occidental, haciéndome recordar que cada cultura tiene sus propios parámetros de vejez y sus propios ritos alrededor de esta última etapa y de la muerte (en el libro relatan como los shuar amazónicos se preparan para la muerte cuando sienten que les ha llegado el momento, pero no se lo desvelo para que su chispa antropológica prenda y se lean el libro). Lo segundo que me llama la atención es que hay un denominador común en la razón de los problemas de la vejez, aquí, en el Amazonas y en Sebastopol; y se llama “soledad”.
Cito: “[…], y por primera vez se vio acosado por el animal de la soledad. Bicho astuto. Atento al menor descuido para apropiarse de su voz condenándolo a largas conferencias huérfanas de auditorio”. Sí, de nuevo la soledad, la auténtica plaga asesina de la esperanza en la vejez, yo diría que la primera causa de muerte en vida, de muerte, tal vez. La parte positiva es que nuestro protagonista encuentra en la lectura, de un género totalmente inesperado para lo que pensaríamos para un hombre curtido como él, un consuelo que le permite seguir adelante. Así, este viejo-nada-viejo, consigue salvar a su pueblo con la sabiduría de su edad, ¿no es reconfortante?
Muy feliz año a todos y disfruten la lectura.

